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Ejercicio seguro en el embarazo

Última actualización: 8 de junio de 2026

Moverse durante el embarazo, lejos de ser un riesgo, suele ser muy beneficioso cuando el embarazo transcurre sin complicaciones. La actividad física ayuda a sentirte mejor, a descansar, a manejar el estrés y a preparar el cuerpo para el parto. La clave está en elegir actividades adecuadas, escuchar a tu cuerpo y, antes de empezar, tener el visto bueno de tu obstetra.

Beneficios de mantenerte activa

Hacer ejercicio de forma regular y moderada suele aportar varias ventajas:

  • Mejora el ánimo, la energía y la calidad del sueño.
  • Ayuda a aliviar molestias frecuentes como dolores de espalda, hinchazón y estreñimiento.
  • Contribuye a un aumento de peso saludable.
  • Fortalece músculos y resistencia, lo que puede ser útil para el trabajo de parto.

Qué actividades suelen ser seguras

En general, las actividades de bajo impacto son las más recomendadas:

  • Caminar: simple, accesible y fácil de sostener durante todo el embarazo.
  • Natación y ejercicios en el agua: el agua descarga el peso de las articulaciones.
  • Yoga prenatal y pilates adaptados, que trabajan postura, respiración y flexibilidad.
  • Bicicleta fija y entrenamiento de fuerza suave.
  • Ejercicios de piso pélvico, que ayudan a preparar la zona para el parto y el posparto.

Qué conviene evitar

Así como hay actividades recomendables, otras es mejor dejarlas para más adelante:

  • Deportes de contacto o con riesgo de caídas y golpes en el abdomen.
  • Actividades de alto impacto, saltos bruscos o esfuerzos muy intensos.
  • Buceo y ejercicios en altura.
  • A partir del segundo trimestre, ejercicios acostada boca arriba por períodos prolongados.
  • Hacer actividad con mucho calor o sin buena hidratación.

Señales para frenar y consultar

Moverte está bien, pero conocé tus límites. Detené la actividad y consultá con tu obstetra si aparece sangrado, pérdida de líquido, contracciones, mareos, dolor en el pecho, dolor de cabeza intenso o falta de aire desproporcionada. Una buena regla práctica es la del "test del habla": si podés mantener una conversación mientras te movés, la intensidad es razonable.

Cómo arrancar

Si ya hacías ejercicio, en general podés continuar adaptando la intensidad. Si empezás de cero, hacelo de a poco y con actividades suaves. En cualquier caso, lo primero es contarle a tu obstetra qué tenés en mente, sobre todo si tenés alguna condición particular. El segundo trimestre suele ser el momento de más energía y comodidad para moverse. Combinalo con una buena alimentación y vas a notar la diferencia en cómo te sentís día a día.

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